Una sinopsis de las principales tradiciones teóricas revela que, mientras el enfoque analítico, permaneció esencialmente intacto durante casi cuatrocientos años, el pensamiento sistémico ya pasó por tres distintas generaciones de cambio.
La primera generación de pensamiento sistémico (la de investigación operativa) trataba de la interdependencia, en el contexto de los sistemas mecánicos (determinísticos).
La segunda generación de pensamiento sistémico (la de la cibernética y los sistemas abiertos) trataba del doble desafío de la interdependencia y la auto-organización, en el contexto de los sistemas vivientes.
La tercera generación de pensamiento sistémico responde al triple desafío de interdependencia, autorganización y libertad de elección, en el contexto de los sistemas socio-culturales.
La tercera generación se origina en el "experimentalismo singeriano". Singer sostiene: "No hay verdades fundamentales; las realidades deben ser primero asumidas a fin de ser aprendidas; los hechos y las leyes forman un conjunto interdependiente; y la verdad no es el punto de partida de una indagación, sino su punto de llegada".
La operacionalización de esta idea lleva a un novedoso esquema que he denominado "diseño iterativo". Puede ser aplicado en cualquier contexto para generar un conjunto inicial de premisas contextualizadas como punto de arranque del estudio. Estas premisas han de ser verificadas y enriquecidas por sucesivas elaboraciones de la estructura, de la función y de los procesos en determinado contexto, a fin de producir la ansiada aproximación al todo. Cada iteración brinda una mejor comprensión y se acerca cada vez más a la naturaleza del todo.
La riqueza y el carácter explícito del paradigma usado para generar el conjunto inicial de premisas constituyen la esencia de un pensamiento sistémico efectivo. De ahí la importancia de incluir un conjunto explícito de premisas (principios sistémicos) acerca de la naturaleza de los sistemas socio-culturales intencionales (con objetivos), así como una metodología operacional para definir problemas y diseñar soluciones.
El fundamento para este estimulante concepto está dado por cinco características de los sistemas sociales:
Apertura (estar abiertos): las organizaciones sociales son sistemas abiertos. Un sistema abierto solamente puede ser entendido en relación con su contexto. Estos sistemas tienen capacidad para auto-organizarse y crear orden a partir del caos. El ADN de un sistema social es su cultura.
Intencionalidad (tener propósitos): tiene que ver con preguntas de tipo "por qué". ¿Por qué hace la gente lo que hace? ¿Cuáles son las bases racionales, emocionales y culturales para las decisiones que toma?.
Multidimensionalidad: rehúsa caer en la falacia de que si "x" es bueno, más "x" es mejor.
Propiedad emergente: es el resultado espontáneo de procesos continuos. La vida, el amor, la felicidad, el éxito, no son hechos únicos en el tiempo: deben ser reproducidos continuamente. Si cesan los procesos que los generan, los fenómenos también dejan de existir.
Carácter contraintuitivo: significa que acciones destinadas a producir determinados efectos pueden, en verdad, generar resultados opuestos. Causas y efecto pueden estar vinculados en forma circular y encontrarse separados en tiempo y espacio.
Finalmente, el enfoque central de esta versión del enfoque sistémico del mundo es el desarrollo. En contraste con la visión mecánica y la biológica, que se ocupan de la eficiencia y el crecimiento respectivamente, el enfoque sistémico se ocupa del desarrollo.
El desarrollo de un sistema social es una transformación intencional hacia niveles superiores de integración y diferenciación al mismo tiempo. Es un proceso de aprendizaje colectivo por el cual un sistema incrementa su habilidad y deseo de servir a sus miembros y a su contexto. En consecuencia, deseo y habilidad son los dos componentes principales del desarrollo
El deseo es producido por una visión apasionante del futuro, acrecentada por la interacción de procesos creativos y recreativos. La capacidad creativa del hombre, junto con su deseo de compartir, resultan en una imagen compartida de un futuro deseado. Esto genera la insatisfacción con el presente e impulsa a perseguir propósitos más desafiantes y deseables. De otro modo, la vida continuaría simplemente formulando y proponiendo metas fácilmente alcanzables.
La insatisfacción con el presente, pese a ser condición necesaria para el cambio, no es suficiente para asegurar el desarrollo. Lo que parece también necesario es la confianza en la propia habilidad para controlar, al menos en parte, la marcha de los acontecimientos.
La habilidad es, por tanto, el potencial para controlar, influir y valorar los parámetros que afectan la existencia del sistema. Pero la sola habilidad tampoco puede asegurar el desarrollo. Sin una imagen compartida de un futuro más deseable, la frustración de las poderosas masas puede fácilmente convertirse en un agente unificador de cambio -pero de odio- que va a lograr la destrucción del presente sin necesariamente avanzar un paso hacia la creación de un futuro mejor.
Herrscher Enrique G. Pensamiento Sistémico, caminar el cambio o cambiar el camino. Ediciones Granica. 2da Edición. Argentina 2006
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